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Hidrógeno verde como vector energético: Contribución a la sostenibilidad y la descarbonización

El hidrógeno verde se ha convertido en el combustible clave para alcanzar la neutralidad climática, cumplir con la agenda 2030 y los objetivos fijados en el Horizonte 2050. La Comisión Europea trabaja en un programa de inversiones para transformar Europa en una potencia mundial en producción y consumo de hidrógeno renovable.

Nos encontramos ante el final de una era, marcada por los combustibles fósiles, en la que hemos dispuesto de energía abundante, accesible y adaptable a nuestras necesidades diarias. Es el momento de comenzar otra etapa centrada en las energías renovables, la eficiencia energética y el consumo responsable. En definitiva, un sistema compatible con el medioambiente basado en recursos energéticos inagotables, homogéneamente repartidos en el mundo, y el desarrollo de nuevas tecnologías.

El hidrógeno verde es considerado la energía del futuro por ser un combustible universal, ligero y muy reactivo. Se obtiene mediante electrólisis, un proceso químico que utiliza la corriente eléctrica para separar las moléculas de hidrógeno del oxígeno que hay en el agua. Si esta electricidad proviene de fuentes renovables, y teniendo en cuenta que durante su producción o combustión no se libera CO2 a la atmósfera, estamos ante una de las mejores opciones para contribuir a la descarbonización por su eficiencia y sostenibilidad. Entre sus múltiples propiedades ventajosas como vector energético, destaca que es una energía renovable fácilmente almacenable a gran escala, transportable, no depende de recursos primarios, se puede aplicar de distintas formas y su producción es sencilla.

Aunque el hidrógeno no es un elemento nuevo, de hecho es el más abundante del universo y en nuestro planeta consumimos más de 70 millones de toneladas al año, lo cierto es que es ahora cuando se está acogiendo con entusiasmo. Esto se debe al acelerón de la transformación tecnológica, el abaratamiento de los costes de las energías renovables y las alertas que han saltado en los últimos años para disminuir las toneladas de dióxido de carbono que emitimos a la atmósfera y está acelerando el calentamiento global.

Además en el contexto actual marcado por la crisis sanitaria, el hidrógeno verde supone un área esencial para desbloquear la inversión que fomente el crecimiento sostenible y la creación de empleo. No es de extrañar que varios países de la Unión Europea ya estén desarrollando estrategias en torno a esta tecnología verde y el uso del hidrógeno a nivel nacional. Este es el caso de países como Portugal, Francia, Alemania, Países Bajos y España. La Comisión Europea, consciente del potencial de este combustible, ya está tomando medidas para estimular e impulsar su desarrollo y producción:

  • Un importante programa de inversión que va de los 919.200 millones de euros como máximo y los 501.010 millones como mínimo.
  • Un marco regulatorio propicio y una hoja de ruta dividida en tres fases.
  • La creación de nuevos mercados líderes.
  • Una red de infraestructuras.
  • Una inversión en I+D+i para el estudio de tecnologías de vanguardia que permitan generar nuevas soluciones de mercado.
  • Cooperación entre países miembros y socios de terceros países.

Pero para que todo este plan pueda materializarse y ejecutarse en los próximos años será necesaria la implicación de todos los actores, no sólo del sector privado y los países miembros. La participación a nivel nacional como regional debe ser coordinada para optimizar los procesos, compartir las mejores prácticas y enriquecer la cadena de valor.

Gracias al hidrógeno se pueden integrar otras energías renovables a gran escala y distribuir la energía entre industrias y regiones. Los sectores que más emisiones de CO2 generan, como son la industria del transporte, el sector energético y la construcción, ven factible su descarbonización a largo plazo. Como ya hemos comentado, otra de las grandes ventajas es la capacidad de almacenar excedentes de energía durante largos periodos de tiempo, y de este modo, mitigar los desajustes entre momentos de producción y momentos de consumo energético.

Por todos estos motivos el hidrógeno verde es una pieza clave y versátil para contribuir a la sostenibilidad del futuro y la descarbonización que el planeta necesita. Durante la transición energética jugará un papel fundamental conectando diferentes activos ante la necesidad de un vector que capacite a España ante las nuevas formas de generación energética.

Ante este contexto y como viene siendo habitual por sus políticas de innovación y sostenibilidad, Iberdrola, ya ha anunciado que se embarcan en un proyecto de hidrógeno con la misma ambición que ha mostrado el Gobierno en su Hoja de Ruta del hidrógeno verde, en respuesta a los planes de ayudas europeos para la recuperación.

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